“No me podía permitir dejar de tomar mi medicación, pero tampoco quería volver.”

“No me podía permitir dejar de tomar mi medicación, pero tampoco quería volver.”

Naroa tiene Esclerosis Múltiple. Decidió viajar a Australia, y durante el año que estuvo residiendo en el país no encontró respuesta ni de la administración australiana ni de la española para poder acceder a su tratamiento farmacológico.

Tras meses de llamadas, correos, e implicar a su familia y amigos en España para conseguir acceder al tratamiento que necesita para controlar su enfermedad, llegó a una conclusión inverosímil: no existía ninguna vía legal para conseguirlo.

“Al principio confié en que por más que dependiese de una medicación, sería totalmente libre de ir a donde quisiera igual que el resto de las personas. Una vez comencé a hacer todos los preparativos de mi viaje, fui encontrándome con las primeras piedras en el camino. Después de varias consultas, horas ante el ordenador en busca de apoyo e información y una docena de llamadas de teléfono, me di cuenta de que viajar a Australia y quedarme allí un año completo era todo un lujo con el que por el momento, solo podía soñar. Una vez allí, después de concertar una cita y hablar con un médico, realmente me di cuenta de que continuar todo un año en Australia sería todo un milagro.”

Naroa en Australia

Por este motivo ha decidido compartir su historia para que el Gobierno, la AEMPS (Asociación Española del Medicamento) y/o los organismos competentes, den respuesta a este grave problema cuanto antes, y que nadie vuelva a encontrarse en esa situación de abandono que ella vivió. El primer paso lo dio en el mes de abril, haciendo una petición al Defensor del Pueblo. Su respuesta, que al no existir ninguna regulación al respecto, entiende que no se ha cometido ninguna irregularidad por parte del Estado.

Este es el “limbo” en que se encuentran muchas personas con esta y otras enfermedades crónicas, y que ven condicionado su desarrollo personal y profesional por la dificultad de acceder al tratamiento que necesitan para controlar su enfermedad al desplazarse fuera de su país de origen, especialmente en el caso de estancias superiores a 3 meses.

“Antes de marcharme a Australia, luché todo lo que pude para que se me pudiera dispensar medicación suficiente para un año. Por eso, me dirigí a atención al paciente de mi ciudad e hice una petición a la dirección del hospital con el fin de que se me dieran 12 cajas de medicación. Después de un mes, la respuesta fue un no, por lo que me encontraba de nuevo sin opciones. Mi familia y yo nos informamos por varias vías, agencia del medicamento, seguridad social… y nadie nos dio una solución al respecto. Simplemente, no se podía enviar medicación al extranjero. “

El Artículo 74 del Texto Refundido de la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, aprobado por RDL 1/2015, de 24 de julio, permite a los viajeros llevar medicación personal consigo, pero siendo siempre la cantidad máxima “la correspondiente a tres meses de tratamiento”. Después de ese periodo, el viajero deberá disponer de los medios para proveerse la atención médica, farmacéutica y hospitalaria en el país de destino, lo que incluye el acceso a los medicamentos. No obstante, el problema reside en que este lapso de tiempo resulta en muchos casos insuficiente para legalizar la residencia oficialmente en esos países, y poder acceder a la medicación a través de su sistema de salud. En la mayoría de estas situaciones, esto tampoco se resuelve solicitando ayuda a través de las embajadas de dichos países, al no existir acuerdos bilaterales en este sentido.

“Aun así, yo quería continuar con mi decisión, así que cogí mi avión y lo primero que hice al llegar a Australia fue concertar una consulta con un médico generalista. La cita fue totalmente administrativa, pues me explicó cuál era la situación allí y cómo podía conseguir medicación. La única manera era pagando 2.500 dólares australianos por una caja de 21 comprimidos, siendo la pauta de tratamiento de un comprimido diario. Es decir, algo imposible de asumir para cualquier persona.

Me planteé la posibilidad de recibir medicación por correo aéreo, pero había un problema, y es que las aduanas españolas y la Agencia Española del Medicamento, no permiten envíos de medicación al extranjero. Así que me encontraba en la otra punta del mundo con una situación bastante limitante y estresante. Todo esto me provocó mucha angustia, pues no me podía permitir dejar de tomar mi medicación, pero tampoco quería volver.”

Este grave problema puede entenderse como una discriminación hacia las personas con estas patologías, que ven mermadas sus posibilidades debido a su condición médica.

¿Quién ampara a estos pacientes? ¿Es razonable que se vean obligados a renunciar temporalmente a su medicación si deciden viajar? ¿Es razonable que tengan que renunciar, por ejemplo, a oportunidades formativas o profesionales por no poder disponer de su medicación?

Desde Esclerosis Múltiple España reivindicamos que se suprima este obstáculo cuanto antes, y que deje de limitar las oportunidades de las personas, en su deseo y derecho de disfrutar de una vida lo más normalizada posible. Estamos trabajando con la administración y todos los agentes implicados para conseguir que Naroa y las personas con enfermedades crónicas graves puedan desplazarse con la garantía de poder acceder en todo momento al tratamiento farmacológico que precisan. Tener una enfermedad como la Esclerosis Múltiple ya es suficiente.

“A todas las personas que están pensando en viajar al extranjero, por cualquier motivo, les diría que no desistan, que no dejen sus planes de lado. Viajar es algo que nos perece por derecho propio a todas las personas por igual independientemente de nuestra situación de salud.”

¿QUIERES AYUDAR A RESOLVER ESTA SITUACIÓN?

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One Response

  1. No sólo para ir a otro país. Yo estuve trabajando en otra comunidad y me tocaba volver cada vez a x medicación…

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