La Esclerosis Múltiple (EM) afecta a casi tres millones de personas en todo el mundo y puede causar síntomas muy variados en cada persona. Algunos ejemplos pueden ser alteraciones visuales, fatiga, entumecimiento y deterioro cognitivo, pero son muy variados y distintos en cada persona con EM.
Es por ello que el diagnóstico de la enfermedad puede ser difícil, porque muchas afecciones neurológicas producen síntomas similares. Aunque las resonancias magnéticas (RM) y el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) se utilizan con frecuencia, los biomarcadores actuales no siempre dan con respuestas eficientes al 100%, especialmente en personas que no tienen indicadores diagnósticos típicos.
Recientemente, un grupo de investigadores ha logrado identificar nuevos biomarcadores proteicos que pueden mejorar el diagnóstico de la EM y ayudar a predecir la progresión de la enfermedad.
¿En qué consiste?
Investigadores del Instituto Max Planck de Bioquímica (MPI of Biochemistry; Martinsried, Alemania) y de la Universidad Técnica de Múnich (TUM, Múnich, Alemania) utilizaron “espectrometría de masas avanzada para analizar la composición proteica de muestras de LCR de más de 5.000 pacientes con diversas afecciones neurológicas”. Este método permitió la medición de aproximadamente 1.500 proteínas por muestra y hasta 2.000 proteínas mediante un flujo de trabajo optimizado. Con el análisis, los científicos han podido identificar patrones de cambios proteicos asociados con la EM y otras enfermedades neurológicas.
Se descubrieron un panel de 22 proteínas que distingue la Esclerosis Múltiple de otras enfermedades inflamatorias del sistema nervioso central, especialmente en pacientes que carecen del marcador diagnóstico tradicional conocido como bandas oligoclonales. El estudio, publicado en Cell, también mostró que los patrones proteicos en el LCR (líquido cefalorraquídeo) en el momento del diagnóstico se asociaban con la progresión futura de la enfermedad. Estos patrones se relacionaron con discapacidad a largo plazo, el riesgo de transición de una forma recurrente a una forma progresiva, y el tiempo necesario para que ocurra esa transición.
¿Qué implica este hallazgo?
Este descubrimiento sugiere que el perfilado proteómico del líquido cefalorraquídeo, esto es, el líquido del que se compone el cerebro y la médula espinal, podría permitir un diagnóstico más temprano y preciso de la Esclerosis Múltiple, además de ayudar a los médicos a predecir cómo evolucionará la enfermedad en cada paciente.
Esta información podría respaldar estrategias terapéuticas más personalizadas y una intervención más temprana. Los investigadores señalan que este enfoque a gran escala también podría aplicarse a otros trastornos neurológicos, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, los tumores cerebrales y otras afecciones que afectan al sistema nervioso central.
“Con la metodología aquí establecida, ahora podemos analizar el proteoma en el líquido cefalorraquídeo de muchos pacientes con una cantidad sin precedentes de proteínas”, afirmó el profesor Matthias Mann, director del MPI de Bioquímica y experto líder mundial en investigación proteómica. “Este avance tecnológico cambia la forma en que debemos buscar biomarcadores. El análisis exhaustivo del proteoma en grandes grupos de pacientes promete ser la vía más eficiente para obtener nuevos y mejores biomarcadores. Más allá de la Esclerosis Múltiple (EM), este enfoque abre perspectivas para muchas otras enfermedades del sistema nervioso central, desde el Alzheimer y el Parkinson hasta los tumores cerebrales y otros trastornos neurológicos”.
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